LA ESENCIA DE LA ASOCIACIÓN GUADALUPANA
Sólo el hombre tiene conciencia de la satisfacción que le produce el uso o consumo de un bien. La satisfacción es utilidad o “provecho, conveniencia, interés o fruto que se saca de una cosa” (DRAE). Si para lograr utilidad se adoptan los impulsos del egoísmo se sigue un procedimiento personal o individualista. Si para una mayor utilidad se unen esfuerzos, entonces se opta por el gregarismo o llevar a cabo las actividades en sociedad. Es decir, disponer o actuar en colaboración con otras personas.
La fortaleza de los que se asocian, afirma el célebre sacerdote liberal Francisco de Paula González Vigil (1792‐1875): es porque “Cada individuo es débil, aunque no lo crea, y solamente en la asociación podrá llamarse fuerte” (“Importancia y utilidad de las asociaciones”). Así lo entendieron Luis Collantes Pizarro y Luis E. Bernales cuando conversaron en el Hospital 2 de Mayo, acerca de la necesidad de fundar una asociación representativa de los ex alumnos guadalupanos. A ellos se sumó después Eduardo Lizárraga. Tres son los precursores de nuestra asociación fundada en 1940.
El secreto de la asociación no es difícil de comprender. Cuando los hombres lo descubrieron dejaron de errar o caminar sin rumbo fijo. El nómada cedió el paso al sedentario que construyó las primeras ciudades (Eridú, Uruk, Ur, …) y naciones de origen étnico común. Nace el concepto de patria, la más grande y amada asociación, según la suprema definición de Marco Tulio Cicerón. Nada existiría sin la asociación, ni el hombre, ni el mundo, ni el universo.
El cuerpo humano es una asociación de órganos. La naturaleza es una asociación de biótopos. Las estrellas semejantes son asociaciones que preocupan a la astronomía. Hasta en el pensamiento del más individualista, la psicología encuentra asociación de ideas. Platón y Aristóteles reconocían que “La asociación es la base funcional de la memoria”. ¿Sin la asociación estaría usted leyendo este ensayo? No, porque el acto de procreación también es una asociación. Y el fundamento de la asociación humana es la unión.
La unión es el instrumento que conduce a la unidad si es amalgama de buena ley. Análogamente, al unirse los guadalupanos bien formados resulta la Asociación Guadalupana, representación, imagen, encarnación de la guadalupanidad que es cualidad, síntesis, colectividad indivisible. Pero la guadalupanidad no se refiere a los guadalupanos en particular, sino a la historia, a la tradición, a la creencia, a la ideología, incluso a la producción de las promociones egresadas del sesquicentenario colegio. Sin exagerar, así como nacionalidad se vincula con la patria, guadalupanidad quiere decir Colegio Nacional de Nuestra Señora de Guadalupe, patria educativa donde se labran los guadalupanos de raza. Los guadalupanos puros de sangre.


¿Hay impuros? Toda realidad cuenta con otra contradictoria. La impureza es una fatalidad; en este caso la componen los descastados, cainitas y réprobos. Son dominados por sus envidias, ingratitudes, taras y deficiencias. Nunca asimilaron las enseñanzas en el legendario colegio. Para qué gastar letras con ellos. ¡Por favor! Noviembre es un mes celeste para los guadalupanos, el color que ni las dictaduras pudieron decolorar, porque el celeste es éter, perfección, eternidad. Es resplandor de la miríada de astros que totaliza la guadalupanidad.
La Asociación Guadalupana es una comunidad del mismo origen: los ex alumnos guadalupanos obviamente. Una comunión de intenciones: mantener vívida la tradición guadalupana; o como prescribe el estatuto, “constituirse en el centro del pensamiento guadalupano (…) y engrandecer permanentemente el espíritu de fraternidad, acrecentando la mística guadalupana”. Entendiendo por mística la identificación con la ideología, filosofía e historia guadalupanas. La mística germina naturalmente en el colegio, pero crece, avanza, evoluciona al descubrirse las acciones militares; las aportaciones científicas, literarias, artísticas; y las contribuciones políticas, sociales e institucionales de los guadalupanos.
Dos macroasambleas resaltan los guadalupanos. Peregrinaciones cuasi religiosas que culminan en sendos ágapes de confraternidad. Llegan desde los más desconocidos confines premunidos de nostalgias, evocaciones y anhelos de saludar, conversar, bromear con el recordado amigo de carpeta. Sobre todo, con su presencia respaldar a la Asociación Guadalupana que, el día de la patria y el día del colegio (14 de noviembre), explosiona de júbilo imposible de traducir. La memoria se reanima. El pasado se vuelve presente. Se derrama entusiasmo y se contagia esperanzas. Retoña la juventud. Suenan las hipérboles, las autoestimas se agigantan. ¡Quién dice que la juventud se acaba! ¡Abrid ancho paso…!
Las promociones jóvenes igualmente participan. Otras visiones, distintas estrategias.
Verbo ardoroso, pero la misma piel celeste. Se preparan, abdican prejuicios, aguardan las señas de la oportunidad, cual manifestación poderosa, demostración formidable, evidencia axiomática de continuidad indestructible. Esa es la esencia de la Asociación Guadalupana. Así es.

